Retomo estos apuntes en el punto en el que los dejé, pero la historia no ha dejado de avanzar y las buenas ideas no han tomado aún su lugar en el mundo como deberían estar haciéndolo. Muchas cosas han pasado, como suele ocurrir cuando el tiempo trabaja lo suficiente por un rato. Veo, por ejemplo, que no escribí nada aquí durante 2019. Permítanme explicar esa indiferencia de manera sucinta: "una serie de eventos desafortunados".
Pero en el sentido político no había escrito porque la opción que yo prefería fue la que triunfó en las urnas, así que veía innecesaria una participación demasiado crítica en tanto el nuevo gobierno se adaptaba a los mandos del sistema y daba sus primeros pasos. Calculé que eso se daría entre el primer y segundo año. O sea, más o menos por estas fechas.
En general, encuentro hasta ahora satisfactorio la forma en que Andrés Manuel López Obrador y la 4T están llevando a cabo esta transición hacia un nuevo modelo. Sin embargo, en realidad el modelo no parece alejarse aún de las decisiones de los grupos e individuos. Continúa en la mente de la mayoría de las personas la idea de que a un grupo entre los partidos le sucederá otro y a éste aquel y cada uno irá implementando los proyectos que considere más urgentes, imponiendo o suprimiendo leyes según su arbitrio y leal y entender saber...
Esta es una época que exige un nuevo pacto social y ese, por supuesto, no le interesa a la derecha, que desea lo de siempre: mantener el status quo y los privilegios que de allí se puedan obtener; darle al cuento de la meritócracia con que mantienen en una ensoñación angustiosa a millones de personas, mientras evitan sistemáticamente que los méritos en realidad sean un factor de desarrollo de los individuos.
La izquierda que ha configurado el actual gobierno levanta, por un lado, la indignación de esa derecha a grados ridículos (dicho sea de paso, me congratulo), y por el otro, la incredulidad de quienes quisieran ver expropiaciones a mansalva, desfiles militares, purgas ideológicas o no sé yo qué, subyugados por una extraña fascinación con los modelos caducos de un socialismo que no resultó.
Quizá si vemos con una lupa lo suficientemente abarcadora y objetiva (jajaja), notaríamos que esta izquierda que encabeza Obrador es el centroizquierdismo... Ese que en nuestro país dejó vacante el PRI cuando comenzó a inclinarse, con Carlos Salinas de Gortari, hacia la visión empresarial del Estado que impulsaban grupos de la élite económica. Es la continuación (con 32 años de retraso) de los ideales revolucionarios que pospusieron los "mapaches" electorales del 88, los tecnócratas de los noventas, la torpe tibieza del primer sexenio panista, la brutal gestión calderonista (con fraude electoral mediante) y el regreso depredador en el mandato de Peña Nieto de los priistas exiliados.
Resumamos: se trata de una socialdemocracia en un Estado relativamente pobre, que busca reestructurar el edificio pero, al final, no ha enfilado sus posibilidades para cambiar la esencia del sistema vertical de poder.
Y si el Poder no cede el Poder a quien en realidad pertenece (el pueblo ciudadanizado), no habrá una Cuarta Transformación.
¿Cómo se puede dar esa cesión de Poder para el Pueblo? Dándole una efectiva instrumentación al artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el que señala que "la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste".
Se requiere de una instrumentación novedosa, certera, abierta: es necesario configurar nuevos poderes de la Unión, poderes estatales que se añadan a la división clásica de Montesquieu (la división ejecutivo, legislativo, judicial que ya no soporta más tiempo desde su primera enunciación en el siglo XVIII). Es hora de ir configurando el Poder Popular, que debe ser horizontal, práctico, resolutivo, democrático, confiable...
Comenzar a plantear el tema teóricamente me parece que será el destino de los siguientes meses de este blog. Saludos a todxs.
Se
cumplen dos años desde la asunción a la presidencia de Enrique Peña
Nieto y piensa redoblar sus esfuerzos por un mejor país para esta
época (navideña, de paso, sobre la que se dice que más olvidos y estrés produce en el pueblo). Cuatro días antes de este aniversario dio un
discurso en el que se comprometió con diez puntos para rectificar el
rumbo en cuestión de seguridad (como si eso fuera lo único que se
pidiera), sobre todo porque, afirma, son reclamos que se han hecho a
lo largo del tiempo y no se han terminado por aplicar:
Siguen sin haberse tocado puntosque quizá sean las
necesidades que busca con mayor intensidad la ciudadanía:
que se mejore la economía (yo propondría el sofrenamiento
depredador de las maquinarias económicas llamadas empresas, sin por
ello detener el trabajo) y que nuestra democracia transite de una
democracia electoral a una democracia
participativa. Una
democracia en la que sean posibles el referéndum habitual, no como
una gracia del poder, sino como un instrumento cotidiano del
ciudadano, para que desde su voz democrática se traten asuntos como
el destino del presupuesto, la revocación de mandato, las
posibilidades del voto nulo, el apoyo o veto a políticas públicas,
iniciativas de ley y leyes de repercusión nacional, entre otras más.
Pero no se habló de ello en ese mensaje. En ese mensaje, el
presidente dijo:
-Ayotzinapa somos todos.
MOMENTO
2
Me uno a
la marcha a partir del metro Hidalgo. Estas son fotos de ese momento
de serenidad impensable sobre la avenida Reforma.
MOMENTO
3
A los
primeros que me encuentro son a los embozados. Algunos les llaman
anarquistas. Yo también soy anarquista (digamos utópico) y, por lo
que he visto y oído en los medios, como que no conciliamos métodos.
El reclamo del resto de manifestantes es variopinto. Hay quien pide que los
43 vuelvan vivos porque así se los llevó el gobierno. (¿Se podrá?
¿Aproximadamente cuándo ha dicho el Laboratorio Central de ADN de
Innsbruk que entregará los resultados de los exámenes los huesos
carbonizados que se rescataron al menos de una bolsa del río como
señala la investigación oficial del procurador
Murillo Karam?).
Hay quien
ve que esta tragedia una afrenta múltiple: los que recuerdan a los caídos de Atenco durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, los
que honran su memoria exigiendo por ello que no gobierne ese señor
licenciado, por decirlo de manera suave, y que renuncie pero de
inmediato, aunque ya, por ley, quedaría un sustituto probablemente
de filiación príista. En fin, que el error cometido en 2012 en las
urnas por golpeadores electorales ya es irremediable hasta 2018 (si
se es respetuoso del estado de Derecho).
También marchan los estudiantes de diferentes planteles, reunidos en
contingentes. Se exige lo de siempre y más. Hay juego, hay música,
gente con guitarra entona corridos y en otro contingente un grupo de
universitarios de la UAM se han pintado los torsos con el simbólico
número 43, preguntas, reivindicando la libertad (¿qué es la libertad?), el arte, la
ciencia.
En el
camino hacia la columna de 52 metros del Ángel de la Independencia,
predomina la diversidad de caminantes y por ello es que éste
movimiento espontáneo tiene tanta legitimidad: son voces unidas
desde el dolor, desde la indignación del acontecer nacional;
personas que mientras avanzan sobre Reforma, hablan y dialogan, echan
cánticos. A falta de estructuras democráticas a las que pueda
acceder el ciudadano en este país, como el plebiscito o referéndum
para activar la derogación de mandato, el presupuesto federal
participativo, sólo queda seguir caminando y hablando y escuchando y
hablando y escuchando y ese andar ya es una señal y una fuerza que
empuja hacia adelante.
Arriba la Luna, abajo el reclamo
El Senado intacto en plena marcha
Se enciende el fuego
Por ello,
por su diversidad de participantes, el #TodosSomosAyotzinapa se
vuelve un golpe ciego, sin líderes, pero contundente, contra las
estructuras hegemónicas político-empresariales que dirigen este
país. Y éstas, dentro de lo que cabe, por ello mismo, a pesar de
que se mueven por regiones del discurso delicadas, han buscado cierta
prudencia. ¿Vencerá la prudencia histórica a la memoria histórica
adolorida? ¿Vencerá el “vamos construyendo a partir de este
punto, basados en el pasado y sus errores, y con legalidad” que
quieren argüir los detentadores del poder? ¿O vencerá ese reclamo
de “ustedes, no el pasado y su avance, son culpables directos de
crímenes a partir del Estado y por ello deben renunciar” que
esgrimen los que caminamos?
MOMENTO
4
Reforma e Insurgentes
Calle llena
Entre estructuras humanas, creció esta palma como diente de león
"Que tu indolencia no mate el espíritu"
La
autoridad calcula 7 mil participantes. Yo creo que son moderados en
sus matemáticas, pero lo cierto es que la gente llena la avenida
desde el templete bajo el Ángel de la Independencia, donde hablan
los padres, compañeros, estudiantes de la asamblea
interuniversitaria y voceros de otras organizaciones (como la CNTE y
los electricistas del sindicato en lucha de LyFC) hasta el fondo de
la Glorieta de la Palma.
Se puede escuchar, en voz baja, que no todos los manifestantes
comulgan con las ideas de algunos oradores. Algunos manifestantes,
en definitiva, sólo están única y exclusivamente de acuerdo con
la exigencia de justicia de los padres de los 43 estudiantes
desaparecidos. Otros manejan la idea de que este punto de inflexión
tiene que ser usado para generar cambios, giros, revoluciones. Otros
descreen de las revoluciones bélicas y piensan en que se deben
ofrecer propuestas.
Pero en lo que la mayoría sí parece estar de acuerdo es en una frase del vocero de los estudiantes:
“Enrique Peña Nieto, tú no eres Ayotzinapa”.
"Fuera Peña", dice la pancarta del enmascarado
Por ello,
la presencia frente al micrófono de la analista política y
académica, con un pantalón negro y gabardina roja, Denise Dresser,
provoca que los periodistas se arrimen más hacia el templete,
apunten sus cámaras y sus grabadoras con ansia. Hay un recorrido
eléctrico en la muchedumbre y se escuchan los gritos de los
marchistas en coro: “¡Ese apoyo sí se ve!”.
La famosa
académica afirma que no trae un discurso preparado, pero que tiene
palabras que brotan desde un lugar que señala cercano al corazón
(“desde aquí” y se toca hacia el lado izquierdo del pecho). Y
comienza a repasar las razones de por las que ya estamos cansados:
procuradores que se cansan, presidentes que viven en casas de siete
millones de dólares y con patrimonios medio turbios, presidentes que
“rehuye la mirada, esquiva la responsabilidad y que sólo ofrece un
decálogo más”. (¿Dónde pondrías un plan si no lo pones por
escrito, maestra, disculpe usted y sin pretender ser ofensivo, sino,
digamos, un alumno que le hace una pregunta en su clase? Si usted
quiere respuestas de ellos, ellos ya dieron su respuesta. Y sabemos
que están mal. Podemos mostrarles en qué punto están mal. Decirles
cómo se equivocan en sus apreciaciones de construcción de sociedad.
¿Ya alguien leyó la propuesta por escrito que se supone envió el
presidente el lunes al congreso? ¿Ya alguien está corrigiendo eso?
¿Golpeando los argumentos y no las piñatas ad hominem?).
Pero la escritora también incluye una propuesta
para que ellos, los detentadores del poder en todos sus colores (pero
sobre todo el PRI), envíen un mensaje de buena voluntad hacia los
ciudadanos: que con ello demuestren los gobernantes que desean en
verdad cambiar el país (y de paso al mundo). Una señal desde el
gobierno que está situado en el poder de que su intención es
verdadera: que se encarcele a Arturo
Montiel.
Denise
Dresser concluye su posición en su discurso: “No estoy cansada de
imaginar que México puede ser distinto. Hemos perdido la costumbre
de imaginarlo. Nos han dicho que lo nuestro es callar, aceptar el
martirio y el cáliz, empujar como Sísifo esa roca hacia arriba que
cada vez pesa más, pero con fecha de esta noche. México puede ser
distinto. La tarea es enorme y nos incluye a todos (…) No creo que
seamos inferiores a nadie, no creo que nos merezcamos menos derechos
que los ciudadanos de otros países. Venturosamente somos de México,
somos de la región más transparente del aire, de este país (…)
arrebatado desde hace años por gobernadores venales (…) Los invito
a recuperar ese país que es nuestro, el país de uno en este 2014 y
siempre”.
Y el “sí
se puede” nacido del futbol (nuestro patrioterismo más chafa),
apoya el último momento de esas
palabras.
También hay aplausos y son verdaderos. Yo mismo sumo mi ruidito
palmoteante y con ello mi respaldo al final de ese llamado.
Vista desde atrás del templete
MOMENTO
5
Para esta
hora de la noche se ha acabado la memoria de mi teléfono y la pila
de mi cámara. A partir de ahora, tendrán que creer en estas
palabras que yo enuncio a través del falible recuerdo, sin embargo,
como no estoy loco, como tengo memoria personal, como soy un humano
que recuerda, espero que mis palabras puedan ser medianamente
transmisoras.
Terminados
los discursos, propuesta una nueva reunión para el sábado 6 de
diciembre, una marcha de todos nosotros desde el Ángel hacia el
Zócalo, me acerco a una tienda sobre la Avenida Reforma. Es una
abarrotería moderna, de muchas luces y colores neón azules y rojos,
controlada por una empresa belga-brasileña: me acerco a un Extra.
Han cerrado las puertas, pero despachan a través de una ventanita
rectangular entre sus paredes de cristal. Adentro se distingue que se
encuentran dos muchachas y un gerente como de cincuenta años con
cara de enojo. Mientras las muchachas despachan, él no deja de tener
cara de preocupación. Él es el concesionario de una
tienda de abarrotes de una cadena de tiendas que se
encuentra en la avenida más cara de México. La avenida más cara
que oferta sus productos a precio popular.
Pido un
agua natural. Me cobran. Tengo la boca reseca. Bebo y me siento
feliz. Y me pregunto si ya es momento de retirarme.
Pero como uno viene a hacer una crónica, se debe quedar hasta el final y éste no llega tras los últimos discursos. Aún queda mucha gente, todavía están los que
dicen “¿qué? ¿a dónde seguimos?”, quizá queriendo dar crédito al rumor que decía que la marcha continuaría a Los Pinos.
Además, están frescos los recuerdos del #20novmx...
MOMENTO
6
Por la
avenida Florencia comienza a haber movimiento de personas. Explota un
cohetón y su eco seco resuena en la atención de todos. A paso veloz
me acerco al lugar, del que estoy distante por unos veinte metros.
Entre las personas que encuentro hay quienes piden alejarse, hay
quien dice que son los infiltrados (¿no acaso en una marcha pacífica
que pide justicia es el mejor lugar para meter infiltrados y que el
resto crea que nunca fue pacífica, que nunca tuvo razón por haber
“recurrido a la violencia”?). Hay también los que recuerdan que
pueden ser simplemente personas que no han terminado por ver la
generalidad de la burbuja en que vivimos.
Los
embozados han comenzado su danza.
Un coro de personas grita: “No violencia, no violencia”.
Pero aquellos parecen verdaderamente enfurecidos. Rompen los
cristales de discotecas, de bancos, dan vuelta sobre Reforma y
continúan su feria de cohetones y rotura de vidrios contra tiendas
de abarrotes.
En aquella que me acababan de vender el agua (¡vender el agua!, no
mamar), azotan y rompen los vidrios. (¿Cómo lo estarán padeciendo
las dos muchachas y el gerente? ¿La cara de enojo del gerente sería
porque ya preveía ese acontecimiento? ¿Tener que pagar vidrios
rotos por la furia de los enojados?).
Yo los
voy siguiendo y grabo mis impresiones en un teléfono que creo que lo
está haciendo, pero que por falta de memoria no lo hace y yo sólo
voy hablando, al final, para mí, para mi recuerdo de dónde estaba
cuando los enfurecidos hacían eso, ese avance de destrozo, ese
concierto de vidrios rotos. Me digo en cierto punto que el
anarquismo, por supuesto, no es eso.
Un
numeroso grupo de efectivos del cuerpo de granaderos de la policía
(“siempre en vigilia”, pertrechada en calles laterales a la
marcha quizá desde horas atrás), de pronto, aparece por el sur de
la avenida Florencia.
¿Pero
por qué salen por la bocacalle que los anarquistas han abandonado?
¿Por qué no están tratando de cerrarles el paso por las calles que
los muchachos, probablemente seguidos por cámaras de seguridad, van
avanzando? ¿Por qué en lugar de seguirlos por Florencia y Reforma,
no los están cercando desde, por ejemplo, la calle de Génova? ¿Para
qué sirven tantas cámaras instaladas en este remedo de Big Brother,
si no las saben utilizar y detener a los provocadores, a los que
creen que esta revolución es otra vez de sangre? ¿Será que, al
final, los responsables de la seguridad saben utilizar las cámaras,
pero no para un bien común, sino uno de clase, como lo temía George
Orwell? ¿Por qué parecen tan torpes las autoridades policiales para
agarrarlos?
MOMENTO
7
Un grupo
de encapuchados pasa a mi lado. Un señor, que también va a mi lado,
pregunta:
-¿Quién
les paga, cabrones? ¿Quién les dice que destrocen una marcha
pacífica? ¿Son unos provocadores?
Uno de
los embozados, con turbante gris cubriéndole el rostro, joven, se
regresa y le responde con su voz de veinteañero.
-A mí no
me paga nadie, cabrón. Yo he venido de “raid” desde Guerrero,
sin ningún peso, gracias a la gente, a protestar.
-¿Quién
les paga? –repite el hombre.
-A mí
nadie me paga. Yo vengo porque estoy harto de este sistema.
(Aquí yo
hubiera tenido que añadir algo como “¿Harto del sistema a los
veinte años? Ni siquiera has entendido el sistema”.)
-¿Por qué la violencia?
-Porque
es necesaria la acción directa.
-Déjalo
–grita una de sus compañeras, que avanza de la mano de su novio,
embozada, con un mechón del cabello pintado de verde-, es un
ignorante. No entiende. No tiene caso.
El
embozado toma el consejo de su amiga y se va.
Y esas
palabras quedan en el aire calificando a un hombre que sólo era una
persona más que por convicción propia salió a marchar y ahora se
pregunta por qué ellos desvían su reclamo, desvirtúan su
participación, hacia la ciega, sorda, vociferante violencia.
MOMENTO
8
Yo sigo
por en medio de avenida Reforma (tanto los embozados como los
policías caminan por la calle lateral de ella), en un sitio desde el
cual observar, poder decir esto, y no ser alcanzado por ningún
proyectil. El avance de los daños va seguido por reporteros de más
agallas y más pila en sus cámaras. Sus flashes resaltan en los
puntos donde van tirándose cohetones, rompiéndose vidrios. Yo
avanzo acompañando al ruido, los policías y el movimiento. A la
altura del Senado (Insurgentes y Reforma) me muevo hacia la izquierda
de la calle y encuentro a un grupo de alumnos que se están
reubicando. Las redes sociales han aconsejado tener un punto de
reunión en caso de desmadre y al parecer ellos han llegado al suyo.
Y yo, por alguna razón, me hallo junto a ellos. “¿Dónde está
Fulano? ¿Dónde está Zutano? ¡Júntense!”. Comienzo a ver un
despliegue de efectivos policiales cerca de donde los chavos
comienzan a reunirse y veo, además, que una pinza de efectivos
comienza a rodearlos. Así que me muevo un poco para atrás, para
Insurgentes, mientras los granaderos aún portan sus escudos con
cierto desgano (veo sus rostros en ese desgano y los adivino padres
de familia, madres de familia, preocupados por el vivir y por
resistir, sufridos y en equipo, y algunos, asomando con su tolete por
el resquicio legal, gandallas).
He salido del cerco, pero me quedo próximo a lo que harán los
policías. Seguramente ha corrido ya la orden, porque se ciernen de
súbito escudo con escudo contra los que se estaban reuniendo y los
encapsulan.
Y aquí,
si hemos de continuar con una cierta forma de verdad histórica, veo
que sale disparado un buscapiés y el cerco policial se mueve con
intención de sofocarlo y se hace más estrecho. Dentro han quedado
atrapados al menos unos doscientos participantes. Las cámaras se
alzan por encima de los policías en cerco para apreciar a aquella
masa de personas atrapadas. (Hay también cámaras del gobierno, de
efectivos dedicados a tomar registro videográfico del momento, que
están al pendiente de esa acción. Una de ellas enfoca durante largo
rato mi rostro).
Y los
embozados que habían vandalizado la calle, los auténticos
violentadotes, se han perdido y diluido en la vanguardia, al otro
lado de la calle, por allá de la glorieta de Colón, donde nadie los
ha atrapado.
Ah, pero qué tal esto:
MOMENTO
9
Un grupo
de visitadores de la Comisión de Derechos Humanos ha hablado con
los policías y estos han aceptado que se haga un cerco y permita
salir a ese grupo que no había hecho nada.
Una fuerza gubernamental intercede por un grupo de personas que han
sido injustamente encapsuladas. (Ojo: yo estuve cerca de quedar allí
dentro también. Yo vi que los violentadotes se habían ido más de
cuatrocientos metros delante de quienes fueron rodeados por la
policía. Yo vi que los encapsulados eran inocentes. Yo puedo
declarar a favor de ellos).
Los policías abren la cápsula y el grupo de atrapados sale
custodiados por los visitadores de Derechos Humanos.
MOMENTO
10
Ahora sí,
la marcha ha acabado. Los visitadores escoltan al grupo hacia la boca
del metro Hidalgo. En otro punto, unos jóvenes increpan a groserías
a los granaderos que se han desplegado para cerrar el acceso hacia
avenida Juárez. Les cuestionan su educación, les dicen ratas, les
dicen asesinos. Pero no pasa a mayores y los que gritan sólo acaban
con la voz rota, ronca, destrozada, sin haber movido a los granaderos
un solo centímetro de su formación.
Frente al
metro Hidalgo, veo a una muchacha con el pelo pintado de verde. Es
sin duda la misma que vi hace rato. Pero ya no está embozada. Ella
acompaña desde afuera el desfile de los muchachos que van
custodiados por los visitadores de Derechos Humanos. A la altura de
metro Hidalgo hay un vendedor en motocicleta. La motocicleta es de
Pizza Hut. Quien la conduce grita: “Pizza grande a 50 pesos”.
(Seamos sinceros, un ofertón). En la parte posterior de la moto el
conductor tiene al menos unas quince pizzas grandes y en su voz el
deseo de hacer negocio fácil. Veo que vende al menos cuatro antes de
que la chica de pelo verde y su novio con rastas se acerquen a
comprarle… Pienso… ¿No acaso estábamos contra las cadenas
comerciales?... Pero ellos comen su pizza con el hambre de quien ha
cumplido con su trabajo y por ello no tienen ya que dar explicaciones
de nada.
MOMENTO
11
Regreso a
mi casa y mi hijo y mi mujer están dormidos. Todas las calles hasta
mi puerta resultaron con una inmovilidad cercana a la no revolución,
a la serenidad de otro lunes por la noche. Incluso me compré unos
tacos en una taquería y no eran revolucionarios. Eran los tacos de
personas que simplemente quieren trabajar y obtener frutos de su
trabajo.
¿Para
qué son las marchas?, me pregunto, mientras doy una mordida.
¿Para
qué son justo estas marchas de hoy, las que vendrán?
¿Para
que renuncie Peña Nieto de un cargo al que por ley es imposible
renunciar?
¿Para que se encarcele a Arturo Montiel?
¿Para
que haya solución al caso de 43 desaparecidos (cuya solución parece
haber sido ya dada y es una respuesta brutal, pero muy plausible y
que, por supuesto, los padres de los normalistas no quieren aceptar)?
¿O para
que el gobierno, sea cual sea su color, comience a escuchar los pasos
y las voces de sus ciudadanos (los que le dan el poder) y no sólo
los considere borreguitos en redil? ¿Para que comience a comprender
que el cambio de las estructuras es inevitable y que el poder, a
partir de ahora, tiene que descansar en quien es dueño de él, la
ciudadanía, el conjunto de humanos que no está de acuerdo con
muchas decisiones tomadas por sus representantes?
Quién sabe exactamente para qué son estas marchas. Lo único que se sabe es que, hoy por hoy, son necesarias.
Después de su regreso
de la Luna y de que los días de entrevistas y espectáculos quedaran
lentamente atrás debido a que Estados Unidos y la Unión Soviética
comenzaron a preferir otro tipo de demostraciones de fuerza, los
tripulantes del Apolo XI, esa mítica nave que sería el golpe
maestro del capitalismo contra el comunismo en los años sesenta, se
fueron sumiendo lentamente en el olvido hasta el pasado sábado 25 de
agosto, cuando falleció el primer hombre que puso un pie en el
polvoso suelo de nuestro satélite natural: el capitán Neil
Armstrong.
Proveniente de Ohio,
uno de los estados norteamericanos que los aborígenes de ese país
consideran más “provincianos”, Neil Armstrong (1930) se interesó
por la aviación desde muy temprana edad: decidió su vocación en la
infancia al contemplar espectáculos aéreos y cuando a los seis años
voló en un Ford Trimotor y supo lo que era contemplar la tierra
desde las alturas. A los diecinueve años se convirtió en piloto de
la Marina, y al año siguiente, 1950, participó en la guerra de
Corea. Completó setenta y ocho misiones de combate. En 1952 ingresó
en la NACA (la predecesora de la actual Administración Nacional de
Aeronáutica y del Espacio, NASA), donde laboró como administrativo,
ingeniero y piloto de pruebas.
Carrera espacial
entre la URSS y EEUU
El
lanzamiento soviético en 1957 del satélite Sputnik comenzó
la carrera espacial entre dos potencias que ponían a prueba sus
concepciones sobre lo que debía ser el mundo: ambas se habían
alzado victoriosas de la Segunda Guerra Mundial y la amenaza nazi, y
sus posiciones ideológicas no podían ser más dispares. Por un
lado, el capitalismo encabezado por Estados Unidos aseguraba que el
sistema debía darle la felicidad al individuo gracias a su esfuerzo
personal (y comunitario dentro de la empresa) y ello debía ser
fomentado mediante el libre mercado y la inversión del dinero, aun a
costa de sus crisis recurrentes. Del otro, los ideólogos comunistas
afirmaban que la felicidad se conseguiría mediante el trabajo
conjunto y al unísono de una sociedad en la que quedaban “abolidas”
las “diferencias” de clase y en la que el Estado velara por el
cumplimiento cabal de las satisfacciones del individuo, aunque el
pensamiento tuviera que tender a la uniformidad y peligrosamente al
totalitarismo (lo cual sería parodiado con excelencia narrativa por
George Orwell en la novela 1984).
La
“indiferencia” que se tuvieron las dos naciones se llevaba a cabo
en diversos terrenos: ambas potencias cultivaron la invasión de
países como práctica común de alineación a sus respectivos
sistemas (por ejemplo, del lado soviético, Polonia en 1939; por
ejemplo, del lado estadounidense, Corea, 1950, Irán, 1954, el golpe
de estado en Guatemala, 1954); se mostró músculo en pruebas
atómicas demoledoras (como la llevada a cabo por los soviéticos en
Nueva Zembia con la Bomba del Zar, de 50 megatones, la cual liberó
3, 800 veces más potencia que la lanzada sobre Hiroshima). Incluso
llegaron a apuntarse los misiles como quien se muestra los puños. Y
el espacio fue la metáfora del control y “progreso”: el
lanzamiento del Sputnik, el
éxito de la sonda Mechca
y el posterior envío de Yuri Gagarin en 1961 más allá de la
atmósfera, situaron a la URSS a la cabeza.
Meses
después del recorrido de Gagarin, el presidente estadounidense John
F. Kennedy anunció que para fines de la década pondrían a un
hombre en la Luna (pero no viviría para contemplar dicho
acontecimiento). A un año de ese discurso, junto con otros nueve
pilotos de la segunda generación, Neil Armstrong obtuvo la plaza de
astronauta. A lo largo de cuatro años llevó a cabo un entrenamiento
intensivo en Texas. Para 1966 voló en la misión Gemini 8 y
logró acoplar dicha nave con el cohete en órbita Agena. La caminata
espacial que se tenía planeada para esa misión tuvo que abortarse
debido a que las naves comenzaron a girar en el espacio. Armstrong
consiguió estabilizar la situación, desacoplarse y después
realizar una entrada de emergencia a la Tierra.
¿Se
conocieron Stanley Kubrick y Neil Armstrong?
En
19 julio de 1969 los astronautas Neil Armstrong, “Buzz” Aldrin y
Michael Collins, participantes de la misión Apolo XI,
convirtieron a la realidad un sueño largamente acariciado por la
humanidad. Ya en 1667, por ejemplo, el escritor Cyrano de Bergerac
había asentado en su obra El otro mundo
el precedente literario de un viaje a la Luna(y
al Sol e incluso había descrito un cohete de tres fases); esta
tradición la continuarían con éxito otros escritores, como Julio
Verne o Arthur C. Clark.
“Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la
humanidad”, expresó Armstrong al imprimir su huella (la primera)
sobre la Luna. Dicha sentencia provocó que no pocos se preguntaran:
“¿Un salto hacia dónde?” Las imaginaciones se dispararon no
sólo por las implicaciones políticas del suceso, que en los hechos
mostraba a Estados Unidos con tecnología superior a la de cualquier
otro país. Algunos veían ya en un futuro próximo inmediato una
probable colonización lunar y otros negaban que el suceso se hubiera
llevado a cabo. A aquella tripulación se le llegó a equiparar con
los aventureros que dirigiera en 1492 Cristobal Colón.
Pero
a diferencia de Colón, la hazaña de la NASA no ha
conducido todavía a una colonización lunar: pocas fueron las
misiones tripuladas que siguieron a ese pequeño paso para un hombre
y escasearon cada vez más tras la derrota tácita de la URSS, que
envió a la Luna misiones no tripuladas hasta la cancelación de su
programa. La NASA envió cinco misiones exitosas y después del Apolo
17 no se han repetido los alunizajes tripulados.
Hay quien niega que el
Apolo 11 haya llegado a la Luna: sugieren que se trató de una
hábil ficción cinematográfica realizada por Stanley Kubrick (el mago cinematográfico de Odisea del espacio 2001) en un
gran set; que sí se puso el pie humano allá, pero hasta la
siguiente misión, la del Apolo 12. En sentido contrario,
otros dicen que los soviéticos no hubieran aceptado un montaje y,
por tanto, sí hubo alunizaje estadounidense. Por otra parte, la
pregunta seguía en el aire: “¿Salto hacia dónde y cómo?”. La
lógica de esa pregunta iba en el sentido de que, si se era capaz de
enviar a un hombre a la Luna, quizá probablemente se comenzaría la
colonización, ¿y cómo sería posible que ya se hubiera conseguido
ese triunfo y, en cambio, no se pudieran erradicar problemas tan
urgentes como el hambre y el analfabetismo, o la explotación
excesiva de recursos naturales? ¿Qué clase de seres, los que somos,
se exportarían al sistema solar y quizá a otros confines?
Cualquiera que sea la
respuesta, el programa tripulado terminó en 1972. Algunos se han
preguntado por qué no, en esos seis alunizajes exitosos, ni siquiera
se intentó la construcción de un desván con cinco láminas y unos
cuantos remaches. Quedó una bandera simulando ondear en un asta
tubular. Las teorías de la conspiración, desmentidas constantemente
por la NASA, seducen con la idea de que ya existe una rústica base
lunar o que se liberó una carga atómica sobre la superficie del
satélite y que eso impide el regreso. La Agencia declara que los
niveles de radiación solar que llegan a la Luna, la cual carece de
atmósfera, serían insostenibles para la existencia de una colonia
permanente (¿entonces por qué no una colonia temporal?) y que
salvo la urgente necesidad de supervivencia de la especie, no se
requieren de humanos para poder llevar a cabo experimentos
científicos.
Vida posterior
Tras el viaje lunar,
Armstrong continuó trabajando en la NASA y después dio clases en la
Universidad de Cincinnati, presidió empresas de tecnología,
concedió algunas pocas entrevistas y conferencias, y vivió el resto
de su vida en una casa de campo en Ohio. Su carácter era bastante
reservado y se alejó siempre de los reflectores. Pero el asombro por
el logro del que formó parte, que ahora sigue su curso en la misión
marciana Curiosity, nunca
terminará: aquella aventura abrió la
percepción de que nuestros conocimientos como humanidad pueden
conducir a un grupo de hombres más allá de las fronteras de este
planeta y, con sus resultados, ayuda a formar una idea más próxima
del universo que habitamos. Descanse en paz ese gran explorador.
Neil Armstrong (1930-2012), Michael Collins (1930)
y Edwin "Buzz" Aldrin (1930). Foto de la misión Apolo 11.
Luis González de Alba escribe en esta columna sobre los jóvenes de #YoSoy132 que, tras
reunirse en Atenco con otros movimientos sociales, firmaron diversos
documentos, y refiere que “desde Atenco declararon el fin del
capitalismo y otras demandas rete buena onda”. Y poco después de
enumerar lo que él ve como errores, regaña al estilo de un maestro estricto frente
a la clase:
O es un delirio de cabezas huecas o una trampa montada
por provocadores porque, para llevar adelante ese plan les hace falta
algo más que los elogios diabetígenos de las radical-chic que no
han militado jamás en la izquierda: les falta, jóvenes y no tan
jóvenes, nada menos que el Ejército Rojo, cabezas de chorlito.
Abran Wiki y con copy-paste impriman copias para todos. En los libros
por el suelo en el área de Humanidades de CU se encontrarán uno
delgado y fácil de leer, El izquierdismo,
enfermedad infantil del comunismo. Gugleen
el nombre del autor: Lenin. Así nomás, sin apellidos. Pero, más
importante aún: sobrevive un buen número de ex guerrilleros que en
los años 70 eligieron una vía rápida para alcanzar lo que los
sóviets de Atenco plantean: pregúntenles cómo les fue. De ahí nos
viene el término “guerra sucia” y no de las bobadas a las que
ustedes ahora dan ese nombre. Por cierto, hay barata de pañales en
Walmart, la tienda buena, enemiga de Soriana, la tienda mala.
Caramba,
se dice uno, de veras que esas son ganas de ningunear de nuevo a los
jóvenes. En lugar de procurar hacerlos crecer, les recomienda una
barata de pañales en Walmart.
Sin embargo, al
contrario de lo que el texto parece sugerir, se han comprendido varias cosas
a partir de la caída de la Unión Soviética, el fracasado modelo
económico y social que evolucionó con mayor éxito en Rusia y que
pervive en la actualidad en los deslavados colores locales de Cuba y
Corea del Norte. Una de estas cosas (amén de otras en el terreno
filosófico, estatal, económico) fue que en su diseño como Estado y
forma de vida, sus ideólogos y constructores se olvidaron de tomar
en consideración la fuerte influencia, para bien y para mal, del
factor humano y la variedad de psicologías, creencias, conocimientos
y deseos que hay en éste, que hacen que resulte imposible que el
individuo pueda ser bueno por decreto o quiera aspirar ciegamente a
la repetición mecánica de felicidad y forma de vida de los padres
(como pretenden aquellos que defienden el derecho a vender o heredar
el puesto de trabajo, como si ser maestro, por ejemplo, fuera un gen
heredable). En su lucha ideológica contra el capitalismo (cuyos
errores fueron y son tan notables como los comunistas) tergiversaron
su realidad: “aquí todos somos felices”, a pesar de los
desastrosos planes quinquenales y las consecuentes crisis brutales,
además de la constante fuga de cerebros. Científicos, médicos,
artistas, ingenieros, huyeron de los países socialistas, amén de
los desaparecidos en las purgas de opositores o críticos al sistema.
Todo
ello aunado a una burocracia elefántica, el caudillismo apostólico
de sus dirigentes políticos; la errónea forma de producción en la
que se embarcaron, con productos igual de insostenibles que los
capitalistas, pero sin el condicionamiento extra para mejorarlos y
evolucionarlos que genera el incentivo del lucro; la tardía
comprensión de que el estado lo gobernaban individuos que se volvían
propensos, desde una posición de poder, a llevar a cabo abominables
actos criminales (léase el libro Archipiélago Gulag, de Solzhenitsyn),
productos históricos estos últimos de la errática confusión
vital de millones de personas (que parte de lo individual para
proyectarse a lo social).
Esta
carencia de conocimiento acerca del factor humano (la mano de obra de
la productividad), derivó en que no se alcanzaran jamás los frutos
a los que esa ideología y práctica aspiraba: entre otras cosas, la
abolición de las clases sociales, la eliminación de la explotación
del hombre por el hombre, la repartición equitativa y proporcional
de las ganancias generadas por el concurso de todos, un entramado de
intercambio de bienes justo, medios de comunicación que
efectivamente fueran vías de información, conocimiento y, ¿por qué
no?, entretenimiento.
Que
estos reclamos vuelvan a permear en la juventud, y no sólo en los de
#YoSoy132 ni sólo en la mexicana, a más de dos décadas del fin de
la Unión Soviética más que un motivo de ironía sobre la necesidad
de un Ejército Rojo, debería ser tema de reflexión y hasta de
orgullo: una nueva generación de personas toma el relevo de un sueño
humano que lleva siglos en vigencia y se preocupa por su mundo y
comienza por su casa. Que no se les crea tan desorientados o
rematadamente ignorantes: pertenecen a un grupo de jóvenes con una
consciencia más clara de los errores del pasado y de los retos del
futuro. Por eso han buscado el pacifismo y la marcha dominical, para
que no se les pueda tachar de revoltosos huevones (aunque no falta el
apuntado a decirlo). Por ello mismo no es que no acepten el necesario
cambio de gobiernos, sino que les indigna que se haya llevado a cabo
con prácticas que aprovecharon la pobreza, la desinformación o el
cinismo de algunas personas. Si esos métodos requirieron una fuerte
inversión de capital público y privado (y quizá hasta del
narcotráfico), ¿con qué métodos esperarán recuperar su dinero y cuáles son los dividendos que esperan? ¿El gran capital ha vuelto a ganar, ha terminado por comprar las consciencias, con tal de que el mundo siga como está un tiempo más, seis años más, y se acerque ya sin retorno a su precipicio?
Ante esta situación, ¿debemos ironizar sobre los jóvenes o apoyarlos?
No estaría mal que un día las cosas fueran diferentes y la revelación de un íntimo destino compartido abrazara al errático género humano. León Felipe (1884-1968), español exiliado en México tras el golpe de Estado franquista, escribe en el parágrafo II de sus "Prologuillos":
Poesía... Tristeza honda y ambición del alma... ¡cuándo te darás a todos... a todos, al príncipe y al paria, a todos... sin ritmo y sin palabras!...