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jueves, 4 de junio de 2020

Como decíamos ayer

Retomo estos apuntes en el punto en el que los dejé, pero la historia no ha dejado de avanzar y las buenas ideas no han tomado aún su lugar en el mundo como deberían estar haciéndolo. Muchas cosas han pasado, como suele ocurrir cuando el tiempo trabaja lo suficiente por un rato. Veo, por ejemplo, que no escribí nada aquí durante 2019. Permítanme explicar esa indiferencia de manera sucinta: "una serie de eventos desafortunados". 

Pero en el sentido político no había escrito porque la opción que yo prefería fue la que triunfó en las urnas, así que veía innecesaria una participación demasiado crítica en tanto el nuevo gobierno se adaptaba a los mandos del sistema y daba sus primeros pasos. Calculé que eso se daría entre el primer y segundo año. O sea, más o menos por estas fechas. 

En general, encuentro hasta ahora satisfactorio la forma en que Andrés Manuel López Obrador y la 4T  están llevando a cabo esta transición hacia un nuevo modelo. Sin embargo, en realidad el modelo no parece alejarse aún de las decisiones de los grupos e individuos. Continúa en la mente de la mayoría de las personas la idea de que a un grupo entre los partidos le sucederá otro y a éste aquel y cada uno irá implementando los proyectos que considere más urgentes, imponiendo o suprimiendo leyes según su arbitrio y leal y entender saber... 

Esta es una época que exige un nuevo pacto social y ese, por supuesto, no le interesa a la derecha, que desea lo de siempre: mantener el status quo y los privilegios que de allí se puedan obtener; darle al cuento de la meritócracia con que mantienen en una ensoñación angustiosa a millones de personas, mientras evitan sistemáticamente que los méritos en realidad sean un factor de desarrollo de los individuos. 

La izquierda que ha configurado el actual gobierno levanta, por un lado, la indignación de esa derecha a grados ridículos (dicho sea de paso, me congratulo), y por el otro, la incredulidad de quienes quisieran ver expropiaciones a mansalva, desfiles militares, purgas ideológicas o no sé yo qué, subyugados por una extraña fascinación con los modelos caducos de un socialismo que no resultó. 

Quizá si vemos con una lupa lo suficientemente abarcadora y objetiva (jajaja), notaríamos que esta izquierda que encabeza Obrador es el centroizquierdismo... Ese que en nuestro país dejó vacante el PRI cuando comenzó a inclinarse, con Carlos Salinas de Gortari, hacia la visión empresarial del Estado que impulsaban grupos de la élite económica. Es la continuación (con 32 años de retraso) de los ideales revolucionarios que pospusieron los "mapaches" electorales del 88, los tecnócratas de los noventas, la torpe tibieza del primer sexenio panista, la brutal gestión calderonista (con fraude electoral mediante) y el regreso depredador en el mandato de Peña Nieto de los priistas exiliados.

Resumamos: se trata de una socialdemocracia en un Estado relativamente pobre, que busca reestructurar el edificio pero, al final, no ha enfilado sus posibilidades para cambiar la esencia del sistema vertical de poder. 

Y si el Poder no cede el Poder a quien en realidad pertenece (el pueblo ciudadanizado), no habrá una Cuarta Transformación. 

¿Cómo se puede dar esa cesión de Poder para el Pueblo? Dándole una efectiva instrumentación al artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el que señala que "la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste". 

Se requiere de una instrumentación novedosa, certera, abierta: es necesario configurar nuevos poderes de la Unión, poderes estatales que se añadan a la división clásica de Montesquieu (la división ejecutivo, legislativo, judicial que ya no soporta más tiempo desde su primera enunciación en el siglo XVIII). Es hora de ir configurando el Poder Popular, que debe ser horizontal, práctico, resolutivo, democrático, confiable...

Comenzar a plantear el tema teóricamente me parece que será el destino de los siguientes meses de este blog. Saludos a todxs. 






jueves, 4 de diciembre de 2014

EL ANARQUISMO, POR SUPUESTO, NO ES ESO.
Marcha del 1° de diciembre de 2014 en once momentos





MOMENTO 1

Se cumplen dos años desde la asunción a la presidencia de Enrique Peña Nieto y piensa redoblar sus esfuerzos por un mejor país para esta época (navideña, de paso, sobre la que se dice que más olvidos y estrés produce en el pueblo). Cuatro días antes de este aniversario dio un discurso en el que se comprometió con diez puntos para rectificar el rumbo en cuestión de seguridad (como si eso fuera lo único que se pidiera), sobre todo porque, afirma, son reclamos que se han hecho a lo largo del tiempo y no se han terminado por aplicar:
  1. Aquí el video completo.
  2. Aquí los diez puntos.


Siguen sin haberse tocado puntos que quizá sean las necesidades que busca con mayor intensidad la ciudadanía: que se mejore la economía (yo propondría el sofrenamiento depredador de las maquinarias económicas llamadas empresas, sin por ello detener el trabajo) y que nuestra democracia transite de una democracia electoral a una democracia participativa. Una democracia en la que sean posibles el referéndum habitual, no como una gracia del poder, sino como un instrumento cotidiano del ciudadano, para que desde su voz democrática se traten asuntos como el destino del presupuesto, la revocación de mandato, las posibilidades del voto nulo, el apoyo o veto a políticas públicas, iniciativas de ley y leyes de repercusión nacional, entre otras más. Pero no se habló de ello en ese mensaje. En ese mensaje, el presidente dijo:
-Ayotzinapa somos todos.

MOMENTO 2

Me uno a la marcha a partir del metro Hidalgo. Estas son fotos de ese momento de serenidad impensable sobre la avenida Reforma.








MOMENTO 3

A los primeros que me encuentro son a los embozados. Algunos les llaman anarquistas. Yo también soy anarquista (digamos utópico) y, por lo que he visto y oído en los medios, como que no conciliamos métodos. 




El reclamo del resto de manifestantes es variopinto. Hay quien pide que los 43 vuelvan vivos porque así se los llevó el gobierno. (¿Se podrá? ¿Aproximadamente cuándo ha dicho el Laboratorio Central de ADN de Innsbruk que entregará los resultados de los exámenes los huesos carbonizados que se rescataron al menos de una bolsa del río como señala la investigación oficial del procurador Murillo Karam?).




Hay quien ve que esta tragedia una afrenta múltiple: los que recuerdan a los caídos de Atenco durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, los que honran su memoria exigiendo por ello que no gobierne ese señor licenciado, por decirlo de manera suave, y que renuncie pero de inmediato, aunque ya, por ley, quedaría un sustituto probablemente de filiación príista. En fin, que el error cometido en 2012 en las urnas por golpeadores electorales ya es irremediable hasta 2018 (si se es respetuoso del estado de Derecho).
También marchan los estudiantes de diferentes planteles, reunidos en contingentes. Se exige lo de siempre y más. Hay juego, hay música, gente con guitarra entona corridos y en otro contingente un grupo de universitarios de la UAM se han pintado los torsos con el simbólico número 43, preguntas, reivindicando la libertad (¿qué es la libertad?), el arte, la ciencia.

En el camino hacia la columna de 52 metros del Ángel de la Independencia, predomina la diversidad de caminantes y por ello es que éste movimiento espontáneo tiene tanta legitimidad: son voces unidas desde el dolor, desde la indignación del acontecer nacional; personas que mientras avanzan sobre Reforma, hablan y dialogan, echan cánticos. A falta de estructuras democráticas a las que pueda acceder el ciudadano en este país, como el plebiscito o referéndum para activar la derogación de mandato, el presupuesto federal participativo, sólo queda seguir caminando y hablando y escuchando y hablando y escuchando y ese andar ya es una señal y una fuerza que empuja hacia adelante.


  

Arriba la Luna, abajo el reclamo


El Senado intacto en plena marcha


Se enciende el fuego


Por ello, por su diversidad de participantes, el #TodosSomosAyotzinapa se vuelve un golpe ciego, sin líderes, pero contundente, contra las estructuras hegemónicas político-empresariales que dirigen este país. Y éstas, dentro de lo que cabe, por ello mismo, a pesar de que se mueven por regiones del discurso delicadas, han buscado cierta prudencia. ¿Vencerá la prudencia histórica a la memoria histórica adolorida? ¿Vencerá el “vamos construyendo a partir de este punto, basados en el pasado y sus errores, y con legalidad” que quieren argüir los detentadores del poder? ¿O vencerá ese reclamo de “ustedes, no el pasado y su avance, son culpables directos de crímenes a partir del Estado y por ello deben renunciar” que esgrimen los que caminamos?


MOMENTO 4

Reforma e Insurgentes


Calle llena

Entre estructuras humanas, creció esta palma como diente de león

"Que tu indolencia no mate el espíritu"

La autoridad calcula 7 mil participantes. Yo creo que son moderados en sus matemáticas, pero lo cierto es que la gente llena la avenida desde el templete bajo el Ángel de la Independencia, donde hablan los padres, compañeros, estudiantes de la asamblea interuniversitaria y voceros de otras organizaciones (como la CNTE y los electricistas del sindicato en lucha de LyFC) hasta el fondo de la Glorieta de la Palma.
Se puede escuchar, en voz baja, que no todos los manifestantes comulgan con las ideas de algunos oradores. Algunos manifestantes, en definitiva, sólo están única y exclusivamente de acuerdo con la exigencia de justicia de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos. Otros manejan la idea de que este punto de inflexión tiene que ser usado para generar cambios, giros, revoluciones. Otros descreen de las revoluciones bélicas y piensan en que se deben ofrecer propuestas.
Pero en lo que la mayoría sí parece estar de acuerdo es en una frase del vocero de los estudiantes: “Enrique Peña Nieto, tú no eres Ayotzinapa”.

"Fuera Peña", dice la pancarta del enmascarado





Por ello, la presencia frente al micrófono de la analista política y académica, con un pantalón negro y gabardina roja, Denise Dresser, provoca que los periodistas se arrimen más hacia el templete, apunten sus cámaras y sus grabadoras con ansia. Hay un recorrido eléctrico en la muchedumbre y se escuchan los gritos de los marchistas en coro: “¡Ese apoyo sí se ve!”.
      La famosa académica afirma que no trae un discurso preparado, pero que tiene palabras que brotan desde un lugar que señala cercano al corazón (“desde aquí” y se toca hacia el lado izquierdo del pecho). Y comienza a repasar las razones de por las que ya estamos cansados: procuradores que se cansan, presidentes que viven en casas de siete millones de dólares y con patrimonios medio turbios, presidentes que “rehuye la mirada, esquiva la responsabilidad y que sólo ofrece un decálogo más”. (¿Dónde pondrías un plan si no lo pones por escrito, maestra, disculpe usted y sin pretender ser ofensivo, sino, digamos, un alumno que le hace una pregunta en su clase? Si usted quiere respuestas de ellos, ellos ya dieron su respuesta. Y sabemos que están mal. Podemos mostrarles en qué punto están mal. Decirles cómo se equivocan en sus apreciaciones de construcción de sociedad. ¿Ya alguien leyó la propuesta por escrito que se supone envió el presidente el lunes al congreso? ¿Ya alguien está corrigiendo eso? ¿Golpeando los argumentos y no las piñatas ad hominem?).
          Pero la escritora también incluye una propuesta para que ellos, los detentadores del poder en todos sus colores (pero sobre todo el PRI), envíen un mensaje de buena voluntad hacia los ciudadanos: que con ello demuestren los gobernantes que desean en verdad cambiar el país (y de paso al mundo). Una señal desde el gobierno que está situado en el poder de que su intención es verdadera: que se encarcele a Arturo Montiel.
      Denise Dresser concluye su posición en su discurso: “No estoy cansada de imaginar que México puede ser distinto. Hemos perdido la costumbre de imaginarlo. Nos han dicho que lo nuestro es callar, aceptar el martirio y el cáliz, empujar como Sísifo esa roca hacia arriba que cada vez pesa más, pero con fecha de esta noche. México puede ser distinto. La tarea es enorme y nos incluye a todos (…) No creo que seamos inferiores a nadie, no creo que nos merezcamos menos derechos que los ciudadanos de otros países. Venturosamente somos de México, somos de la región más transparente del aire, de este país (…) arrebatado desde hace años por gobernadores venales (…) Los invito a recuperar ese país que es nuestro, el país de uno en este 2014 y siempre”.
        Y el “sí se puede” nacido del futbol (nuestro patrioterismo más chafa), apoya el último momento de esas palabras.
También hay aplausos y son verdaderos. Yo mismo sumo mi ruidito palmoteante y con ello mi respaldo al final de ese llamado.

Vista desde atrás del templete





MOMENTO 5

Para esta hora de la noche se ha acabado la memoria de mi teléfono y la pila de mi cámara. A partir de ahora, tendrán que creer en estas palabras que yo enuncio a través del falible recuerdo, sin embargo, como no estoy loco, como tengo memoria personal, como soy un humano que recuerda, espero que mis palabras puedan ser medianamente transmisoras.
Terminados los discursos, propuesta una nueva reunión para el sábado 6 de diciembre, una marcha de todos nosotros desde el Ángel hacia el Zócalo, me acerco a una tienda sobre la Avenida Reforma. Es una abarrotería moderna, de muchas luces y colores neón azules y rojos, controlada por una empresa belga-brasileña: me acerco a un Extra. Han cerrado las puertas, pero despachan a través de una ventanita rectangular entre sus paredes de cristal. Adentro se distingue que se encuentran dos muchachas y un gerente como de cincuenta años con cara de enojo. Mientras las muchachas despachan, él no deja de tener cara de preocupación. Él es el concesionario de una tienda de abarrotes de una cadena de tiendas que se encuentra en la avenida más cara de México. La avenida más cara que oferta sus productos a precio popular.
Pido un agua natural. Me cobran. Tengo la boca reseca. Bebo y me siento feliz. Y me pregunto si ya es momento de retirarme.
Pero como uno viene a hacer una crónica, se debe quedar hasta el final y éste no llega tras los últimos discursos. Aún queda mucha gente, todavía están los que dicen “¿qué? ¿a dónde seguimos?”, quizá queriendo dar crédito al rumor que decía que la marcha continuaría a Los Pinos. Además, están frescos los recuerdos del #20novmx...

MOMENTO 6

Por la avenida Florencia comienza a haber movimiento de personas. Explota un cohetón y su eco seco resuena en la atención de todos. A paso veloz me acerco al lugar, del que estoy distante por unos veinte metros. Entre las personas que encuentro hay quienes piden alejarse, hay quien dice que son los infiltrados (¿no acaso en una marcha pacífica que pide justicia es el mejor lugar para meter infiltrados y que el resto crea que nunca fue pacífica, que nunca tuvo razón por haber “recurrido a la violencia”?). Hay también los que recuerdan que pueden ser simplemente personas que no han terminado por ver la generalidad de la burbuja en que vivimos.
            Los embozados han comenzado su danza.
Un coro de personas grita: “No violencia, no violencia”.
Pero aquellos parecen verdaderamente enfurecidos. Rompen los cristales de discotecas, de bancos, dan vuelta sobre Reforma y continúan su feria de cohetones y rotura de vidrios contra tiendas de abarrotes.
En aquella que me acababan de vender el agua (¡vender el agua!, no mamar), azotan y rompen los vidrios. (¿Cómo lo estarán padeciendo las dos muchachas y el gerente? ¿La cara de enojo del gerente sería porque ya preveía ese acontecimiento? ¿Tener que pagar vidrios rotos por la furia de los enojados?).
    Yo los voy siguiendo y grabo mis impresiones en un teléfono que creo que lo está haciendo, pero que por falta de memoria no lo hace y yo sólo voy hablando, al final, para mí, para mi recuerdo de dónde estaba cuando los enfurecidos hacían eso, ese avance de destrozo, ese concierto de vidrios rotos. Me digo en cierto punto que el anarquismo, por supuesto, no es eso.
    Un numeroso grupo de efectivos del cuerpo de granaderos de la policía (“siempre en vigilia”, pertrechada en calles laterales a la marcha quizá desde horas atrás), de pronto, aparece por el sur de la avenida Florencia.
   ¿Pero por qué salen por la bocacalle que los anarquistas han abandonado? ¿Por qué no están tratando de cerrarles el paso por las calles que los muchachos, probablemente seguidos por cámaras de seguridad, van avanzando? ¿Por qué en lugar de seguirlos por Florencia y Reforma, no los están cercando desde, por ejemplo, la calle de Génova? ¿Para qué sirven tantas cámaras instaladas en este remedo de Big Brother, si no las saben utilizar y detener a los provocadores, a los que creen que esta revolución es otra vez de sangre? ¿Será que, al final, los responsables de la seguridad saben utilizar las cámaras, pero no para un bien común, sino uno de clase, como lo temía George Orwell? ¿Por qué parecen tan torpes las autoridades policiales para agarrarlos?



MOMENTO 7

Un grupo de encapuchados pasa a mi lado. Un señor, que también va a mi lado, pregunta:
-¿Quién les paga, cabrones? ¿Quién les dice que destrocen una marcha pacífica? ¿Son unos provocadores?
Uno de los embozados, con turbante gris cubriéndole el rostro, joven, se regresa y le responde con su voz de veinteañero.
-A mí no me paga nadie, cabrón. Yo he venido de “raid” desde Guerrero, sin ningún peso, gracias a la gente, a protestar.
-¿Quién les paga? –repite el hombre.
-A mí nadie me paga. Yo vengo porque estoy harto de este sistema.
(Aquí yo hubiera tenido que añadir algo como “¿Harto del sistema a los veinte años? Ni siquiera has entendido el sistema”.)
-¿Por qué la violencia?
-Porque es necesaria la acción directa.
-Déjalo –grita una de sus compañeras, que avanza de la mano de su novio, embozada, con un mechón del cabello pintado de verde-, es un ignorante. No entiende. No tiene caso.
El embozado toma el consejo de su amiga y se va.
Y esas palabras quedan en el aire calificando a un hombre que sólo era una persona más que por convicción propia salió a marchar y ahora se pregunta por qué ellos desvían su reclamo, desvirtúan su participación, hacia la ciega, sorda, vociferante violencia.

MOMENTO 8

Yo sigo por en medio de avenida Reforma (tanto los embozados como los policías caminan por la calle lateral de ella), en un sitio desde el cual observar, poder decir esto, y no ser alcanzado por ningún proyectil. El avance de los daños va seguido por reporteros de más agallas y más pila en sus cámaras. Sus flashes resaltan en los puntos donde van tirándose cohetones, rompiéndose vidrios. Yo avanzo acompañando al ruido, los policías y el movimiento. A la altura del Senado (Insurgentes y Reforma) me muevo hacia la izquierda de la calle y encuentro a un grupo de alumnos que se están reubicando. Las redes sociales han aconsejado tener un punto de reunión en caso de desmadre y al parecer ellos han llegado al suyo. Y yo, por alguna razón, me hallo junto a ellos. “¿Dónde está Fulano? ¿Dónde está Zutano? ¡Júntense!”. Comienzo a ver un despliegue de efectivos policiales cerca de donde los chavos comienzan a reunirse y veo, además, que una pinza de efectivos comienza a rodearlos. Así que me muevo un poco para atrás, para Insurgentes, mientras los granaderos aún portan sus escudos con cierto desgano (veo sus rostros en ese desgano y los adivino padres de familia, madres de familia, preocupados por el vivir y por resistir, sufridos y en equipo, y algunos, asomando con su tolete por el resquicio legal, gandallas).
He salido del cerco, pero me quedo próximo a lo que harán los policías. Seguramente ha corrido ya la orden, porque se ciernen de súbito escudo con escudo contra los que se estaban reuniendo y los encapsulan.
Y aquí, si hemos de continuar con una cierta forma de verdad histórica, veo que sale disparado un buscapiés y el cerco policial se mueve con intención de sofocarlo y se hace más estrecho. Dentro han quedado atrapados al menos unos doscientos participantes. Las cámaras se alzan por encima de los policías en cerco para apreciar a aquella masa de personas atrapadas. (Hay también cámaras del gobierno, de efectivos dedicados a tomar registro videográfico del momento, que están al pendiente de esa acción. Una de ellas enfoca durante largo rato mi rostro).
Y los embozados que habían vandalizado la calle, los auténticos violentadotes, se han perdido y diluido en la vanguardia, al otro lado de la calle, por allá de la glorieta de Colón, donde nadie los ha atrapado. 



Ah, pero qué tal esto:


MOMENTO 9

Un grupo de visitadores de la Comisión de Derechos Humanos ha hablado con los policías y estos han aceptado que se haga un cerco y permita salir a ese grupo que no había hecho nada.
Una fuerza gubernamental intercede por un grupo de personas que han sido injustamente encapsuladas. (Ojo: yo estuve cerca de quedar allí dentro también. Yo vi que los violentadotes se habían ido más de cuatrocientos metros delante de quienes fueron rodeados por la policía. Yo vi que los encapsulados eran inocentes. Yo puedo declarar a favor de ellos).
Los policías abren la cápsula y el grupo de atrapados sale custodiados por los visitadores de Derechos Humanos.


MOMENTO 10

Ahora sí, la marcha ha acabado. Los visitadores escoltan al grupo hacia la boca del metro Hidalgo. En otro punto, unos jóvenes increpan a groserías a los granaderos que se han desplegado para cerrar el acceso hacia avenida Juárez. Les cuestionan su educación, les dicen ratas, les dicen asesinos. Pero no pasa a mayores y los que gritan sólo acaban con la voz rota, ronca, destrozada, sin haber movido a los granaderos un solo centímetro de su formación.
Frente al metro Hidalgo, veo a una muchacha con el pelo pintado de verde. Es sin duda la misma que vi hace rato. Pero ya no está embozada. Ella acompaña desde afuera el desfile de los muchachos que van custodiados por los visitadores de Derechos Humanos. A la altura de metro Hidalgo hay un vendedor en motocicleta. La motocicleta es de Pizza Hut. Quien la conduce grita: “Pizza grande a 50 pesos”. (Seamos sinceros, un ofertón). En la parte posterior de la moto el conductor tiene al menos unas quince pizzas grandes y en su voz el deseo de hacer negocio fácil. Veo que vende al menos cuatro antes de que la chica de pelo verde y su novio con rastas se acerquen a comprarle… Pienso… ¿No acaso estábamos contra las cadenas comerciales?... Pero ellos comen su pizza con el hambre de quien ha cumplido con su trabajo y por ello no tienen ya que dar explicaciones de nada.


MOMENTO 11

Regreso a mi casa y mi hijo y mi mujer están dormidos. Todas las calles hasta mi puerta resultaron con una inmovilidad cercana a la no revolución, a la serenidad de otro lunes por la noche. Incluso me compré unos tacos en una taquería y no eran revolucionarios. Eran los tacos de personas que simplemente quieren trabajar y obtener frutos de su trabajo.
¿Para qué son las marchas?, me pregunto, mientras doy una mordida.
¿Para qué son justo estas marchas de hoy, las que vendrán?
¿Para que renuncie Peña Nieto de un cargo al que por ley es imposible renunciar?
¿Para que se encarcele a Arturo Montiel?
¿Para que haya solución al caso de 43 desaparecidos (cuya solución parece haber sido ya dada y es una respuesta brutal, pero muy plausible y que, por supuesto, los padres de los normalistas no quieren aceptar)?
¿O para que el gobierno, sea cual sea su color, comience a escuchar los pasos y las voces de sus ciudadanos (los que le dan el poder) y no sólo los considere borreguitos en redil? ¿Para que comience a comprender que el cambio de las estructuras es inevitable y que el poder, a partir de ahora, tiene que descansar en quien es dueño de él, la ciudadanía, el conjunto de humanos que no está de acuerdo con muchas decisiones tomadas por sus representantes?
Quién sabe exactamente para qué son estas marchas. Lo único que se sabe es que, hoy por hoy, son necesarias.



 



lunes, 27 de agosto de 2012

Neil Armstrong y el gran salto


Después de su regreso de la Luna y de que los días de entrevistas y espectáculos quedaran lentamente atrás debido a que Estados Unidos y la Unión Soviética comenzaron a preferir otro tipo de demostraciones de fuerza, los tripulantes del Apolo XI, esa mítica nave que sería el golpe maestro del capitalismo contra el comunismo en los años sesenta, se fueron sumiendo lentamente en el olvido hasta el pasado sábado 25 de agosto, cuando falleció el primer hombre que puso un pie en el polvoso suelo de nuestro satélite natural: el capitán Neil Armstrong.
   Proveniente de Ohio, uno de los estados norteamericanos que los aborígenes de ese país consideran más “provincianos”, Neil Armstrong (1930) se interesó por la aviación desde muy temprana edad: decidió su vocación en la infancia al contemplar espectáculos aéreos y cuando a los seis años voló en un Ford Trimotor y supo lo que era contemplar la tierra desde las alturas. A los diecinueve años se convirtió en piloto de la Marina, y al año siguiente, 1950, participó en la guerra de Corea. Completó setenta y ocho misiones de combate. En 1952 ingresó en la NACA (la predecesora de la actual Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, NASA), donde laboró como administrativo, ingeniero y piloto de pruebas.


Carrera espacial entre la URSS y EEUU
El lanzamiento soviético en 1957 del satélite Sputnik comenzó la carrera espacial entre dos potencias que ponían a prueba sus concepciones sobre lo que debía ser el mundo: ambas se habían alzado victoriosas de la Segunda Guerra Mundial y la amenaza nazi, y sus posiciones ideológicas no podían ser más dispares. Por un lado, el capitalismo encabezado por Estados Unidos aseguraba que el sistema debía darle la felicidad al individuo gracias a su esfuerzo personal (y comunitario dentro de la empresa) y ello debía ser fomentado mediante el libre mercado y la inversión del dinero, aun a costa de sus crisis recurrentes. Del otro, los ideólogos comunistas afirmaban que la felicidad se conseguiría mediante el trabajo conjunto y al unísono de una sociedad en la que quedaban “abolidas” las “diferencias” de clase y en la que el Estado velara por el cumplimiento cabal de las satisfacciones del individuo, aunque el pensamiento tuviera que tender a la uniformidad y peligrosamente al totalitarismo (lo cual sería parodiado con excelencia narrativa por George Orwell en la novela 1984).
   La “indiferencia” que se tuvieron las dos naciones se llevaba a cabo en diversos terrenos: ambas potencias cultivaron la invasión de países como práctica común de alineación a sus respectivos sistemas (por ejemplo, del lado soviético, Polonia en 1939; por ejemplo, del lado estadounidense, Corea, 1950, Irán, 1954, el golpe de estado en Guatemala, 1954); se mostró músculo en pruebas atómicas demoledoras (como la llevada a cabo por los soviéticos en Nueva Zembia con la Bomba del Zar, de 50 megatones, la cual liberó 3, 800 veces más potencia que la lanzada sobre Hiroshima). Incluso llegaron a apuntarse los misiles como quien se muestra los puños. Y el espacio fue la metáfora del control y “progreso”: el lanzamiento del Sputnik, el éxito de la sonda Mechca y el posterior envío de Yuri Gagarin en 1961 más allá de la atmósfera, situaron a la URSS a la cabeza.
    Meses después del recorrido de Gagarin, el presidente estadounidense John F. Kennedy anunció que para fines de la década pondrían a un hombre en la Luna (pero no viviría para contemplar dicho acontecimiento). A un año de ese discurso, junto con otros nueve pilotos de la segunda generación, Neil Armstrong obtuvo la plaza de astronauta. A lo largo de cuatro años llevó a cabo un entrenamiento intensivo en Texas. Para 1966 voló en la misión Gemini 8 y logró acoplar dicha nave con el cohete en órbita Agena. La caminata espacial que se tenía planeada para esa misión tuvo que abortarse debido a que las naves comenzaron a girar en el espacio. Armstrong consiguió estabilizar la situación, desacoplarse y después realizar una entrada de emergencia a la Tierra.

¿Se conocieron Stanley Kubrick y Neil Armstrong?
En 19 julio de 1969 los astronautas Neil Armstrong, “Buzz” Aldrin y Michael Collins, participantes de la misión Apolo XI, convirtieron a la realidad un sueño largamente acariciado por la humanidad. Ya en 1667, por ejemplo, el escritor Cyrano de Bergerac había asentado en su obra El otro mundo el precedente literario de un viaje a la Luna (y al Sol e incluso había descrito un cohete de tres fases); esta tradición la continuarían con éxito otros escritores, como Julio Verne o Arthur C. Clark.
    “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”, expresó Armstrong al imprimir su huella (la primera) sobre la Luna. Dicha sentencia provocó que no pocos se preguntaran: “¿Un salto hacia dónde?” Las imaginaciones se dispararon no sólo por las implicaciones políticas del suceso, que en los hechos mostraba a Estados Unidos con tecnología superior a la de cualquier otro país. Algunos veían ya en un futuro próximo inmediato una probable colonización lunar y otros negaban que el suceso se hubiera llevado a cabo. A aquella tripulación se le llegó a equiparar con los aventureros que dirigiera en 1492 Cristobal Colón.
    Pero a diferencia de Colón, la hazaña de la NASA no ha conducido todavía a una colonización lunar: pocas fueron las misiones tripuladas que siguieron a ese pequeño paso para un hombre y escasearon cada vez más tras la derrota tácita de la URSS, que envió a la Luna misiones no tripuladas hasta la cancelación de su programa. La NASA envió cinco misiones exitosas y después del Apolo 17 no se han repetido los alunizajes tripulados.
    Hay quien niega que el Apolo 11 haya llegado a la Luna: sugieren que se trató de una hábil ficción cinematográfica realizada por Stanley Kubrick (el mago cinematográfico de Odisea del espacio 2001) en un gran set; que sí se puso el pie humano allá, pero hasta la siguiente misión, la del Apolo 12. En sentido contrario, otros dicen que los soviéticos no hubieran aceptado un montaje y, por tanto, sí hubo alunizaje estadounidense. Por otra parte, la pregunta seguía en el aire: “¿Salto hacia dónde y cómo?”. La lógica de esa pregunta iba en el sentido de que, si se era capaz de enviar a un hombre a la Luna, quizá probablemente se comenzaría la colonización, ¿y cómo sería posible que ya se hubiera conseguido ese triunfo y, en cambio, no se pudieran erradicar problemas tan urgentes como el hambre y el analfabetismo, o la explotación excesiva de recursos naturales? ¿Qué clase de seres, los que somos, se exportarían al sistema solar y quizá a otros confines?
    Cualquiera que sea la respuesta, el programa tripulado terminó en 1972. Algunos se han preguntado por qué no, en esos seis alunizajes exitosos, ni siquiera se intentó la construcción de un desván con cinco láminas y unos cuantos remaches. Quedó una bandera simulando ondear en un asta tubular. Las teorías de la conspiración, desmentidas constantemente por la NASA, seducen con la idea de que ya existe una rústica base lunar o que se liberó una carga atómica sobre la superficie del satélite y que eso impide el regreso. La Agencia declara que los niveles de radiación solar que llegan a la Luna, la cual carece de atmósfera, serían insostenibles para la existencia de una colonia permanente (¿entonces por qué no una colonia temporal?) y que salvo la urgente necesidad de supervivencia de la especie, no se requieren de humanos para poder llevar a cabo experimentos científicos.


Vida posterior
Tras el viaje lunar, Armstrong continuó trabajando en la NASA y después dio clases en la Universidad de Cincinnati, presidió empresas de tecnología, concedió algunas pocas entrevistas y conferencias, y vivió el resto de su vida en una casa de campo en Ohio. Su carácter era bastante reservado y se alejó siempre de los reflectores. Pero el asombro por el logro del que formó parte, que ahora sigue su curso en la misión marciana Curiosity, nunca terminará: aquella aventura abrió la percepción de que nuestros conocimientos como humanidad pueden conducir a un grupo de hombres más allá de las fronteras de este planeta y, con sus resultados, ayuda a formar una idea más próxima del universo que habitamos. Descanse en paz ese gran explorador.


Neil Armstrong (1930-2012), Michael Collins (1930) 
y Edwin "Buzz" Aldrin (1930). Foto de la misión Apolo 11.








miércoles, 25 de julio de 2012

Otra vez contra los jóvenes


Luis González de Alba escribe en esta columna sobre los jóvenes de #YoSoy132 que, tras reunirse en Atenco con otros movimientos sociales, firmaron diversos documentos, y refiere que “desde Atenco declararon el fin del capitalismo y otras demandas rete buena onda”. Y poco después de enumerar lo que él ve como errores, regaña al estilo de un maestro estricto frente a la clase:

O es un delirio de cabezas huecas o una trampa montada por provocadores porque, para llevar adelante ese plan les hace falta algo más que los elogios diabetígenos de las radical-chic que no han militado jamás en la izquierda: les falta, jóvenes y no tan jóvenes, nada menos que el Ejército Rojo, cabezas de chorlito. Abran Wiki y con copy-paste impriman copias para todos. En los libros por el suelo en el área de Humanidades de CU se encontrarán uno delgado y fácil de leer, El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Gugleen el nombre del autor: Lenin. Así nomás, sin apellidos. Pero, más importante aún: sobrevive un buen número de ex guerrilleros que en los años 70 eligieron una vía rápida para alcanzar lo que los sóviets de Atenco plantean: pregúntenles cómo les fue. De ahí nos viene el término “guerra sucia” y no de las bobadas a las que ustedes ahora dan ese nombre. Por cierto, hay barata de pañales en Walmart, la tienda buena, enemiga de Soriana, la tienda mala.

Caramba, se dice uno, de veras que esas son ganas de ningunear de nuevo a los jóvenes. En lugar de procurar hacerlos crecer, les recomienda una barata de pañales en Walmart. 
    Sin embargo, al contrario de lo que el texto parece sugerir, se han comprendido varias cosas a partir de la caída de la Unión Soviética, el fracasado modelo económico y social que evolucionó con mayor éxito en Rusia y que pervive en la actualidad en los deslavados colores locales de Cuba y Corea del Norte. Una de estas cosas (amén de otras en el terreno filosófico, estatal, económico) fue que en su diseño como Estado y forma de vida, sus ideólogos y constructores se olvidaron de tomar en consideración la fuerte influencia, para bien y para mal, del factor humano y la variedad de psicologías, creencias, conocimientos y deseos que hay en éste, que hacen que resulte imposible que el individuo pueda ser bueno por decreto o quiera aspirar ciegamente a la repetición mecánica de felicidad y forma de vida de los padres (como pretenden aquellos que defienden el derecho a vender o heredar el puesto de trabajo, como si ser maestro, por ejemplo, fuera un gen heredable). En su lucha ideológica contra el capitalismo (cuyos errores fueron y son tan notables como los comunistas) tergiversaron su realidad: “aquí todos somos felices”, a pesar de los desastrosos planes quinquenales y las consecuentes crisis brutales, además de la constante fuga de cerebros. Científicos, médicos, artistas, ingenieros, huyeron de los países socialistas, amén de los desaparecidos en las purgas de opositores o críticos al sistema.
    Todo ello aunado a una burocracia elefántica, el caudillismo apostólico de sus dirigentes políticos; la errónea forma de producción en la que se embarcaron, con productos igual de insostenibles que los capitalistas, pero sin el condicionamiento extra para mejorarlos y evolucionarlos que genera el incentivo del lucro; la tardía comprensión de que el estado lo gobernaban individuos que se volvían propensos, desde una posición de poder, a llevar a cabo abominables actos criminales (léase el libro Archipiélago Gulag, de Solzhenitsyn), productos históricos estos últimos de la errática confusión vital de millones de personas (que parte de lo individual para proyectarse a lo social).
    Esta carencia de conocimiento acerca del factor humano (la mano de obra de la productividad), derivó en que no se alcanzaran jamás los frutos a los que esa ideología y práctica aspiraba: entre otras cosas, la abolición de las clases sociales, la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, la repartición equitativa y proporcional de las ganancias generadas por el concurso de todos, un entramado de intercambio de bienes justo, medios de comunicación que efectivamente fueran vías de información, conocimiento y, ¿por qué no?, entretenimiento.
    Que estos reclamos vuelvan a permear en la juventud, y no sólo en los de #YoSoy132 ni sólo en la mexicana, a más de dos décadas del fin de la Unión Soviética más que un motivo de ironía sobre la necesidad de un Ejército Rojo, debería ser tema de reflexión y hasta de orgullo: una nueva generación de personas toma el relevo de un sueño humano que lleva siglos en vigencia y se preocupa por su mundo y comienza por su casa. Que no se les crea tan desorientados o rematadamente ignorantes: pertenecen a un grupo de jóvenes con una consciencia más clara de los errores del pasado y de los retos del futuro. Por eso han buscado el pacifismo y la marcha dominical, para que no se les pueda tachar de revoltosos huevones (aunque no falta el apuntado a decirlo). Por ello mismo no es que no acepten el necesario cambio de gobiernos, sino que les indigna que se haya llevado a cabo con prácticas que aprovecharon la pobreza, la desinformación o el cinismo de algunas personas. Si esos métodos requirieron una fuerte inversión de capital público y privado (y quizá hasta del narcotráfico), ¿con qué métodos esperarán recuperar su dinero y cuáles son los dividendos que esperan? ¿El gran capital ha vuelto a ganar, ha terminado por comprar las consciencias, con tal de que el mundo siga como está un tiempo más, seis años más, y se acerque ya sin retorno a su precipicio?
     Ante esta situación, ¿debemos ironizar sobre los jóvenes o apoyarlos?








viernes, 20 de julio de 2012

Una utopía


No estaría mal que un día las cosas fueran diferentes y la revelación de un íntimo destino compartido abrazara al errático género humano. León Felipe (1884-1968), español exiliado en México tras el golpe de Estado franquista, escribe en el parágrafo II de sus "Prologuillos":

                                     Poesía...
                                     Tristeza honda y ambición del alma...
                                     ¡cuándo te darás a todos... a todos,
                                     al príncipe y al paria,
                                     a todos...
                                     sin ritmo y sin palabras!...